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Postura de Estados e Instituciones sobre Ayuda Humanitaria en Venezuela ¿Neutralidad o Indiferencia?

(Corina Cortes).- En los últimos días, en el caso Venezuela, muchos han sido los debates y críticas hechas respecto a la postura de determinados Estados e Instituciones que han decidido no tomar parte en el conflicto que vive el país y el asunto humanitario. Si bien es cierto que es una “realidad incómoda” que a todos afecta directa o indirectamente, no es menos cierto que dentro del devenir de la interacción internacional hay principios que son aplicables, donde cada una de las partes puede dar un argumento y que tienen que ver con una forma más que con un fondo.

Durante mis estudios de Derecho siempre nos dijeron que una cosa es la verdad verdadera y otra la verdad procesal, prevaleciendo esta última en numerosas ocasiones aun cuando se viese como un acto de injusticia. Sin embargo, no se puede responsabilizar al derecho, sino tratar de visualizar que en ocasiones la realidad nos cuenta una historia que cuesta enmarcar en una norma, pero que contando con las herramientas pertinentes se pueden usar a nuestro favor o se corre el riesgo de volverse en nuestra contra.

En este caso, hablaremos del principio de la “Neutralidad”. ¿Es la neutralidad un acto de indiferencia? ¿Puede el principio de neutralidad ser modificado o flexibilizado en su interpretación?

En el ámbito de la política internacional, la neutralidad es un principio de relaciones internacionales abogado por un Estado, organismo o institución, el cual decide no formar parte en un conflicto o situación con impacto transfronterizo. Es una condición jurídica que incluye derechos y deberes, no solo para aquél que se ha declarado neutral, sino también para las partes involucradas. Las razones pueden variar y entre ellos hay factores políticos, económicos, sociales o culturales. Otro puede ser porque dentro de los valores que conforman ese sujeto internacional ya se encuentra estipulado el principio de neutralidad como premisa de su política funcional.

¿Qué resulta correcto o justo? En realidad, con la evolución del quehacer internacional y ante este nuevo panorama en el cual se maneja la política exterior, mantenerse neutral puede ser un golpe bajo a la reputación, si esto involucra temas como los Derechos Humanos y la Asistencia Humanitaria, sin embargo, a diferencia de la forma en la cual se maneja la política interna, esta política suele ser un poco más lenta y precavida, debido al inmenso número de agentes involucrados.

Un claro ejemplo lo pudimos observar en una entrevista dada a una televisora colombiana por el jefe de la delegación del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR) en Colombia, Christoph Harnisch, quien manifestó que la organización no participaría en la distribución de la asistencia que llegará desde Estados Unidos para su posterior traslado a Venezuela, afirmando que …“Nosotros no participamos en lo que no es para nosotros una ayuda humanitaria” e indicando que la CICR funciona desde los principios fundamentales de independencia, imparcialidad y neutralidad.

¿Está Harnisch insinuando que apoya a la administración de Maduro? En realidad no, el funcionario indicó que al ser la ayuda proveniente de un solo Estado, no puede ayudar en la distribución por parecer un sistema de alianza, y en este caso debe permanecer “neutral” ante la crisis política.

(https://www.hispantv.com/noticias/venezuela/410923/cruz-roja-ayuda-humanitaria-eeuu-golpe-maduro)

Antes de satanizar a la Cruz Roja debemos tomar en cuenta que, aun cuando es una de las instituciones internacionales de mayor autonomía funcional, sigue necesitando la autorización de la administración del Estado para operar, y que actuar bajo otras premisas puede representar un conflicto importante y de intereses dentro de la dinámica de política exterior y relaciones Venezuela – Cruz Roja, al punto de poner las operaciones de la Cruz Roja en Venezuela en “stand by”.

De hecho, recordemos que cuando el tsunami en Indonesia las autoridades no permitieron el ingreso de la ayuda humanitaria de Cruz Roja por no coincidir con sus valores, y la misma no pudo hacer nada al respecto o como se dio cuando el rescate de Ingrid Betancourt y la administración de Uribe hizo uso de su bandera para entrar en la zona de despeje de la Guerrilla y el asunto fue grave, llevándose ante los tribunales colombianos.

(https://www.elmundo.es/elmundo/2008/08/06/internacional/1218047625.html)

Ahora bien, Cruz Roja se ha comprometido a seguir prestando ayuda humanitaria a los venezolanos que se encuentran en frontera y ¿por qué ha sucedido esto? Quizás sea la forma en la cual se dieron los acontecimientos; la neutralidad se fundamenta en la esencia de la abstención, la prevención y la “imparcialidad” y la estructura discursiva de los Estados Unidos pudo haber hecho que se replanteara su forma de actuar. Además de ello, los Estados le han transferido a la Cruz Roja el componente de neutralidad estatal, lo cual hace que deba cumplir con determinadas acciones, cerciorándose de que no haya una injerencia con organismos del Estado.

Muchos dirán “Pero el Presidente Interino es Guaidó”. Pues corresponderá a esta nueva forma de administración venezolana diseñar estrategias que le permitan “reubicar” la función de la Cruz Roja dentro de esta nueva ayuda y asistencia humanitaria, sin atentar contra los principios y valores que la misma promulga.

Otro caso, y no menos polémico por los valores de humanidad sobre los cuales se asienta, es la postura del Papa Francisco y el Vaticano. El caso es que la Santa Sede puede equipararse a cualquier Estado, sin embargo, si nos remitimos al Derecho Canónico y la diplomacia del Vaticano se debe entender – no con ello se debe justificar – que los principios sobre los cuales se fundamenta la Santa Sede y su diplomacia tienen que ver más con las conciliaciones y la invitación a la mediación que la participación activa en asuntos políticos.

Esto guarda una mayor relación con estrategia que con una verdad fáctica. Con la pérdida de fieles y tantos conflictos existentes en el mundo por temas de violación de la libertad religiosa, pedofilia y denuncias, la Santa Sede en este momento no puede darse el lujo de parcializarse, ya que esto sería un desprestigio a su imagen de conciliación, reconciliación y tolerancia o corre el riesgo de que esto sea un golpe para su imagen como una bola de nieve.

Aun así, se observa que tampoco ha puesto limitaciones a sus representantes dentro del país para que se expresen libremente y condenen la violación sistemática de los derechos humanos.

Esto no quiere decir que no haya desaciertos, pero como expuse al principio, existe la verdad verdadera, y la verdad procesal y esto no significa que con la situación de Venezuela – así como la situación de muchos otros países – no haya un antes y un después en cuanto al tema de neutralidad.

La neutralidad en un conflicto puede ser conveniente, ya que la falta de injerencia de parte y parte puede terminar siendo beneficioso a aquellos que, por ejemplo, escapan de un conflicto – como en el caso de Suiza durante la Segunda Guerra Mundial que acogió a millones de personas y, a la cual, las partes en conflicto no podían tocar; mas allá de la historia detrás de bastidores – también puede representar un principio de protección a la inmunidad, como la prohibición de ataque o de intervención a todas las insignias, edificios, zonas de acción de los países o instituciones neutrales.

Sin embargo, la neutralidad activa ante violaciones sistemáticas de Derechos Humanos desencadena problemas más de corte político y social que no de derecho, y cuando se mira hacia otro lado cuando existen actos inhumanos y delitos, tarde o temprano, así como sucede en el ámbito interno, se puede transformar en “complicidad” y eso también es un crimen contra la Humanidad.

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Corina Cortes

Abogada. Magister en Derecho Internacional con estudios en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos. Analista para radio y televisión. Creadora de Agenda Mundo 2.0. Contacto: cortesinternacionalista@gmail.com

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