Opinión

Olvidando lo malo de lo bueno

(Jacobo Dib).- Llegando al hospital para mi guardia de 24 horas hago mis preguntas de rutina. ¿Hay agua? ¿Contamos con radiología? ¿Con laboratorio? No, no y no. Además, el ascensor no sirve, no hay cómo trasladar a los pacientes a hospitalización o al quirófano, habrá que hacerlo por las escaleras. ¡Es el colmo! Tenemos que hacer algo al respecto, la situación es intolerable.

¿Cerramos la emergencia para así conseguir que la comunidad se manifieste y nos apoye? No, ¡vamos a llamar a los medios de comunicación! Llegó el reportero y lo paseamos por todo el hospital para que fuera testigo del caos en que se encontraba nuestra muy querida institución. Tomó fotos, muchas fotos.

Al día siguiente, salió el reportaje en primera página. Una semana más tarde llaman a nuestro equipo de guardia a la Dirección del hospital. Nos dijimos, “ya lo logramos, no les quedará más remedio que solucionar, reparar y recoger la basura que ronda por doquier”. Para nuestra sorpresa, después de llamarnos la atención por la osadía de haber invitado a un reportero a constatar la realidad de nuestro día a día en el hospital, nos entregaron a cada uno de nosotros un sobre que contenía una citación para declarar en Fiscalía. Sí, corría el año de 1990. El Caracazo ya era noticia de ayer y lo poco que pudo lograr para sacudir la conciencia de la dirigencia política ya se había desvanecido.

La crisis actual del país en el sector salud es desgarradora. Basta con acudir a cualquier ambulatorio u hospital para constatarlo. Al mismo tiempo, el desabastecimiento de medicamentos e insumos es dramático, con visitar cualquier farmacia se puede comprobar.

La salud de sus ciudadanos tiene que ser prioridad para todo gobierno que se considere demócrata y presuma de velar por los derechos humanos. El sector salud fue muy descuidado durante esos 40 años de democracia “plena” que vivimos en la segunda mitad del siglo XX (1958-1998). No querer aceptarlo es una necedad. Que durante los últimos 20 años la situación ha venido de mal en peor, es totalmente cierto.

En estas horas aciagas, pero llenas de esperanza que vive el país, tenemos que seguir apostando a un futuro mejor que después de tantas penurias nos merecemos. Aunque durante estos últimos 20 años hayamos sufrido “sangre, sudor y lágrimas” y añoremos ese pasado que siempre fue mejor, no podemos desandar lo recorrido. La “Cuarta”, mejor que la “Quinta” (algunos dirían que menos mala), dejó también una ola de corrupción y desaciertos que finalmente nos hicieron pagar un alto precio.

Si bien es cierto que muchos sobrevivientes de aquellos años dorados han perecido física o políticamente, quedan algunos cuyos aportes a la reconstrucción de la República no pueden desestimarse, sino por el contrario, deben aprovecharse. Sin embargo, los llamados a liderar ese renacimiento deben ser los líderes de hoy, la generación de relevo que nació, creció, estudió y luchó por una nueva Venezuela. Ellos, los jóvenes, no pueden olvidar lo ocurrido durante la “Cuarta República”, lo malo de aquello bueno no debe repetirse.

“Si nunca se habla de una cosa, es como si no hubiese sucedido.” (Oscar Wilde)

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Jacobo Dib

Médico venezolano. Experto en Historia de Venezuela. Articulista ocasional en antiguos periódicos como: El Universal, El Diario de Caracas, El Globo, El Mundo.

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