Opinión

La cumbre del G-20

(Corina Cortés).- El 29 de Noviembre se celebró en Argentina la Cumbre del G -20 conocido como el Grupo de los 20 conformado por un total de 19 países miembros y reconocido como el foro internacional más importante para la cooperación económica, financiera y política. Pero cabe destacar que a diferencia de la Organización de las Naciones Unidas u otras organizaciones internacionales el mismo no cuenta con ninguna sede en particular pero si con una Agenda que pretende darle cabida a soluciones a los desafíos que surgen con ocasión de la globalización. De hecho, la ONU así como el Fondo Monetario Internacional se encuentran invitados a sus reuniones anuales para la presentación de indicadores y propuestas que darán paso a la construcción de un consenso para políticas públicas coherentes, igualitarias, equitativas y sostenibles dentro de a dinámica internacional.

La Cumbre se realiza anualmente y se desarrolla en un entorno de reuniones de grupos y mesas de trabajo así como ponencias y foros de discusión y se da por concluida con lo que se conoce como la Cumbre de Líderes, declaración final que anuncia el cierre de una ajetreada jornada con pocos días de duración pero con mucho
contenido.

Este año, la Cumbre fue llevada a cabo en el país Suramericano y no estuvo exento de polémica ya que desde el mismo 30 de Noviembre organizaciones de la región como las Madres de la Plaza de Mayo, el Sindicato Unificado de Trabajadores de la Educación de Buenos Aires y la Asociación de Trabajadores del Estado llamaron a manifestaciones masivas. De hecho, la “Confluencia Fuera G20 FMI” fue convocada por más de 100 organizaciones de derechos humanos y de partidos de izquierda y de nuevo apareció el icónico muñeco inflable de Donald Trump Bebé que fue exhibido por todas las calles de la capital. Esto podría obedecer al hecho de que la administración de Macri no ha sido del todo aceptada por los argentinos y que muchas de las promesas hechas por el mandatario que derrotó al Kirchnerismo no ha cubierto las expectativas.

Sin embargo, no fue solo el país quien vivió hechos polémicos incluso antes de iniciar el Foro; a puertas cerradas, esta Cumbre estuvo llena de expectativa, recelo, tensiones y murmuraciones que de hecho marcaron su cierre. Inicialmente la reunión que se debería llevar entre el presidente de los Estados Unidos Donald Trump y el Presidente de China Xi Jinping y que parece haber terminado con un acuerdo de paz. Luego de más de un año de enfatizar en la necesidad de aplicar aranceles y volver a políticas proteccionistas para el desarrollo del Producto Interno Bruto defendido por Trump, lo cual daría inicio a lo que muchos consideraron una nueva guerra comercial, durante la reunión ambos mandatarios acordaron suspender la imposición de los mismos durante 90 días para dar paso a una nueva ronda de acuerdos que de no llegar a buenos términos permitirían que la Primera Potencia Americana aprobara la aplicación de una tarifa arancelaria de 25%.

No sucedió lo mismo cuando aparecieron en escena Arabia Saudita y Rusia. Mientras que el líder Saudí, Mohammed bin Salman fue increpado por varios líderes por el asesinato del periodista Jamal Khashoggi, la tensión que se vive entre Ucrania y Rusia también abrió espacio para que muchos condenaran la presencia militar de las tropas rusas en un territorio que desde hace más de cinco años está luchando por su total independencia y autonomía. Sin embargo, la relación entre estos dos países y sus mandatarios así como entre estos y China parece ser cordial regalando un escenario un poco parecido a lo que fue la Guerra Fría pero detrás de una mesa de negociación y con tonos diplomáticos.

Pero volviendo a la Cumbre, este año la Declaración de los Líderes contó con los siguientes aspectos:

– Un enfoque hacia el desarrollo equitativo y sostenible; lo cual debería representar un fortalecimiento de la filosofía de la Responsabilidad Social Empresarial y los Objetivos del Desarrollo del Milenio

– La perspectiva transversal de género; que tendría que estar dirigida hacia la inclusión y hacia políticas igualitarias

– El reconocimiento de la importancia que juegan las nuevas tecnologías en cuanto a los nuevos campos de empleo y comunicación además del papel fundamental que juegan en el área de la información

– El compromiso del desarrollo de proyectos de infraestructura que viene de la mano con esa sostenibilidad

– El compromiso de seguir defendiendo y fortaleciendo los derechos y garantías fundamentales básicas como son la educación y la seguridad alimentaria

– El reconocimiento de que los movimientos de refugiados representan una problemática internacional y que lo que debe atacarse es la causa del desplazamiento para así otorgarle a estos grupos humanos seguridad y calidad de vida en sus países de origen.

– La lucha contra la corrupción

– Y nuevamente la condena al terrorismo.

Visto en el papel es un enfoque claro, comprometido y positivo. Sin embargo, el gran problema que existe no solo en este Foro sino en la dinámica internacional es precisamente la existencia de esos espacios en blanco y esos pasadizos oscuros que dan paso a actos de corrupción internacional, a inversiones fantasmas y la falta de programas claros y precisos destinados a establecer prácticas internas e internacionales para la consecución de esos logros. Eso, y la aun visión soberanista innecesaria y esos nuevos aires de ultranacionalismo que están surgiendo en el mundo son los grandes retos que los países y sus mandatarios deben enfrentar. Y de ellos dependerá hacerles frente con coherencia y buena voluntad, o seguir adornando esos espacios con protocolos atractivos pero en realidad mirando hacia otros horizontes.

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Corina Cortes

Abogada. Magister en Derecho Internacional con estudios en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos. Analista para radio y televisión. Creadora de Agenda Mundo 2.0. Contacto: cortesinternacionalista@gmail.com

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