Opinión

Irán, Estados Unidos y otras historias de Guerra (Parte I)

Puede decirse que el grito de la historia nace con nosotros y que es uno de nuestros dones más importantes. En cierto sentido somos históricos todos los hombres. Thomas Carlyle (1795-1881) Historiador, pensador y ensayista inglés.

Madrid, 20 ene.- El 2020 comenzó de manera muy convulsa como pudimos percatarnos, sin embargo, una cosa es reseñar la noticia y otra muy distinta analizarla. Es por ello que había esperado un tiempo prudencial para poder elaborar un análisis acerca de uno de los acontecimientos internacionales más importantes de los últimos días y poder presentar una proyección real de lo que podría ser en los próximos meses.

Tal es el caso de Irán y Estados Unidos quienes tienen una cobertura mundial y constante que no es nueva, y mucho menos inesperada.

Why can’t we be friends?

Para hablar acerca de las relaciones entre Irán y Estados Unidos tenemos que hacer uso de una hemeroteca que data de siglos y no de años, esto, si citamos a John Ghazvinian quien fue director del Middle East Center (Centro para el Medio Oriente) y experto en las relaciones Irán – Estados Unidos y quien publicó un libro llamado “America and Iran: A Passionate Embrace, from 1720 to the Present. (América e Irán: Un abrazo apasionado desde 1720 hasta el presente). Si bien el autor hace referencia a hechos recientes como cuando en el año 1953 Washington participa de manera activa y colabora en el derrocamiento del primer ministro de Irán Mohammed Mossadegh, y restaura en el poder al Sha Mohammed Reza Pahlavi, Ghazvinian relata que había una especie de fascinación por parte de los americanos cuando se hablaba de Persia durante el 1700 y, a inicios del siglo XIX serían los iraníes quienes encontrarían inspiración en los movimientos norteamericanos, las ideas libertarias y los nuevos conceptos constitucionalistas. Esta es la parte romántica de la historia. Como siempre, hay elementos detrás.

1908. Petróleo, Imperio y tensión

Irán siempre ha sido un territorio de conflictos sociales, derrocamientos, levantamientos, confrontaciones y represiones. Ya sea porque se pretendía derrocar a un líder militar o porque se aprobaba una ley marcial. Para inicios del siglo XX con las disputas y repartición de territorios entre Rusia y Gran Bretaña, Irán se había vuelto protectorado inglés y esto implicaba una exploración y explotación de recursos naturales teniendo como principal protagonista el petróleo – oro negro-. Recordemos que, como recurso natural no renovable, el petróleo contaba en ese momento con altísima demanda ya que no habían pasado ni diez años desde el descubrimiento del primer pozo en los Estados Unidos en 1859.

Es así como, en 1908 y viendo Gran Bretaña el gran potencial que tenía Persia (posteriormente Irán) que se funda la Compañía de Petróleos Anglopersa (APOC) y cuya repartición para aquel momento sería, 84% para los británicos y 16% para los iraníes. Tenemos que ubicarnos en la dinámica del mundo de aquel momento, un mundo de colonialismos, de surgimiento de potencias y de estrategias de expansión y como era de esperarse, tarde o temprano surgiría el descontento social, las teorías nacionalistas y la gran oportunidad para aquellas futuras potencias occidentales y participar en un territorio tan indomable como el Medio Oriente.

Como bien comentaba, esta ocupación lo que hizo fue fortalecer esa visión nacionalista y el sentido soberanista procurando la nacionalización de los recursos naturales y la equidad en su distribución y a la final en el año 1951, el Parlamento iraní votó a favor de nacionalizar la APOC y elegiría Mohammad Mossadegh, un reconocido líder nacionalista, como primer ministro quien entre 1953 recuperó la titularidad de la industria petrolera para luego ser derrocado en 1953.

Este derrocamiento restauraría en el poder al Sha de Irán Mohammed Reza Pahlavi y algunos récords históricos indican que recibieron el apoyo de Washington a través de la CIA y de Reino Unido a través del M16. La razón, era más que evidente. Existía una relación muy estrecha entre el Sha y la administración norteamericana tanto así que entre 1957 y 1968 se firmó un Acuerdo Bilateral de cooperación nuclear civil entre Estados Unidos e Irán; el mismo país le proporcionó un reactor nuclear con uranio enriquecido al 93% y finalmente Irán firmaría el Tratado de No Proliferación Nuclear.

Por lo tanto, lo que realmente estaba sucediendo detrás de bastidores es que los problemas de base nunca se habían tomado en consideración. Se estaba hablando de alianzas de cúpula en un territorio con matices culturales “no occidentales” apasionados, viscerales y a un paso de una revolución religiosa.

A su vez, la economía si bien era boyante las normas restrictivas comenzaban también a crecer y con todo ello comenzaron los actos de corrupción. Esto, aunado a un incremento del fanatismo religioso y el fortalecimiento del islamismo político llevaron a la Revolución Islámica de 1979 y representó un alejamiento significativo por parte de ambas naciones y si bien la colaboración de la Unión Soviética en la propia revolución no se había demostrado, queda claro que existía una clara tendencia marxista.

De hecho, el primer país en reconocer la República de Irán fue la Unión Soviética, le aportó armamento en la guerra Irak – Irán y le apoyado en su programa nuclear además de incluirlo en Organización de Cooperación de Shanghái (Organización de cooperación económica conformada por República Popular China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán y Tayikistán) como estado observador.

Llegando aquí vemos como, en el primer capítulo de esta historia, las páginas que se han escrito demuestran que nada es casual. Que el escenario para la confrontación ya se estaba gestando, que no solo hubo una separación político – ideológica entre Irán y Estados Unidos, sino que se dio un acercamiento entre Irán y el enemigo natural. Irán responsabilizó a Norteamérica de la corrupción, de la tiranía y de los episodios oscuros de un territorio que sencillamente se encontró con una gallina de los huevos de oro y no lo supo gestionar para luego entrar en un bucle político y estratégico del cual se escribe un nuevo episodio en este 2020.

Continuará…

No podemos hacer la historia, sino sólo esperar a que se desarrolle.
Otto von Bismarck (1815-1898) Político alemán

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Corina Cortes

Abogada. Magister en Derecho Internacional con estudios en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos. Analista para radio y televisión. Creadora de Agenda Mundo 2.0. Contacto: cortesinternacionalista@gmail.com

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