Opinión

Intervención Humanitaria o solo “Intervención”

(Corina Cortes).- “Nadie quiere una intervención. La intervención solo nos llevará a una guerra civil y a la muerte”. En los últimos días ésta ha sido una de las grandes diatribas a nivel mundial; el plantear una “Intervención Humanitaria” para Venezuela y no son pocos quienes han salido a la palestra hablando de que no existe tal humanidad, … “Es mera intervención y ya” … con todo lo que supone.

Vídeos de la invasión a Panamá, alocuciones parlamentarias refiriendo a las injerencias norteamericanas y cómo han vulnerado la estabilidad de las naciones violando todas las normas internacionales y acusaciones de tráfico de armas han estado a la orden del día. ¿Verdad o Ficción? El caso es que esto cesará cuando el mercado armamentista deje de ser importante y rentable, y allí no creo que haya ninguno – absolutamente ninguno – dispuesto a dar su brazo a torcer, ya que las fuerzas de seguridad son parte fundamental de la política estadal desde la antigüedad.

Sería después de la última reunión de los miembros del Consejo de Seguridad donde Estados Unidos colocó el tema Venezuela dentro de la agenda de discusión cuando volvió a surgir la sombra de la intervención internacional, trayendo consigo los vestigios de lo sucedido en tantos países del mundo, pero muy especialmente los que aún se tienen grabados en la memoria reciente como Irak, Afganistán y Libia. Sin embargo, ¿Realmente no existe, es imposible una intervención humanitaria?

Valdría la pena analizar esta figura y justo ahora cuando ha sido reseñado que se ha enviado ayuda humanitaria a través de centros de acopio establecidos en Brasil y Colombia. Para los más radicales, hemos de decirles que sí, que existe y que está regulado. ¿Perfecto? No, todo lleva implícito una debilidad y una amenaza. ¿Posible? Sí, y existen mecanismos para llevarlo a cabo.

Resulta que en el año 1992 y por solicitud de la propia Organización de las Naciones Unidas el Secretario General para aquél momento Butros Butros- Ghali elaboró una Hoja de Trabajo denominada “Una Agenda para la Paz” donde se establecían parámetros, no solo para la Construcción de la Paz, sino para su Mantenimiento y Fortalecimiento a través de una serie de mecanismos como era la supervisión y la vigilancia militar, los programas de Desarme, Desmovilización y Reintegración, la Asistencia Humanitaria, la Asistencia Electoral y la Protección de los Derechos Humanos.

Era delimitado como un conjunto de operaciones que de hecho fueron evolucionando desde el año 1956 hasta llegar a 1992, tomando en cuenta la coyuntura del momento como era el caso de la Ex Yugoslavia, la Misión en la República Democrática del Congo y la Misión de apoyo a Timor del Este, este último llevado a cabo entre 2002 y 2005.

El objetivo principal era el de ofrecer protección a los civiles que se encontraban bajo una amenaza inminente a su integridad física y su vida y se entendía que debían operar de manera imparcial con uso mínimo de la fuerza y desde el principio de la proporcionalidad.

Esta Tercera Generación de Operaciones de Intervención y Asistencia Humanitaria destinadas al fortalecimiento de la paz contaba con un Plan de Acción y unos Actores y veíamos cómo se planteaba el uso de fuerzas de seguridad en caso de atentado a la paz, el establecimiento de refugios seguros, pero también la asistencia humanitaria; y en cuanto a sus actores se involucraba personal militar y civil de las Naciones Unidas y también la sociedad civil representada por los organismos no gubernamentales. En algunos casos las operaciones se podían ampliar con misiones sucesivas para casos específicos como minorías o grupos vulnerables.

Mas allá de ello, uno de los mayores avances era la creación de la figura de la “Responsabilidad de Proteger” estableciendo un punto importante como era que… “la soberanía no era un derecho, pero sí una responsabilidad”… e implicaba la responsabilidad de proteger a su población de la guerra, los crímenes de guerra y de lesa humanidad, así como cualquier tipo de persecución y, con ello, la comunidad internacional se comprometía a hacer uso de todos los mecanismos necesarios para proteger a las poblaciones del mundo de este tipo de crímenes.

Finalizaba este documento, ratificado en el año 2005, diciendo que si un Estado de manera manifiesta fallaba en proteger a su población era responsabilidad de la comunidad internacional tomar acciones colectivas de acuerdo a la Carta de las Naciones Unidas que permitieran el restablecimiento de esos derechos humanos y de esa paz interna.

Sin embargo, y quizás por experiencia, la Comunidad Internacional ha criticado el planteamiento de los Estados Unidos y la mayoría ha acordado que la salida ha de ser pacífica y concertada. Solo que, irónicamente, ninguno ha negado la existencia de la profunda crisis humanitaria que vive la nación; incluso, los más cercanos a la línea ideológica venezolana han reconocido que Venezuela se encuentra en un proceso delicado, que tiene una población vulnerable y que la amenaza ya no solo es a nivel interno, sino que si existen elementos para saber que se puede entrar en un conflicto mucho más grave.

Visto lo anterior, lo lógico y recomendable es que se diera una futura e inmediata reunión y se dejase a un lado los intereses y beneficios individuales, porque una de las principales responsabilidades de los Estados como miembros de una comunidad internacional aparentemente trabajando en coordinación para mantener la paz y el bienestar es “alertar” cuando existe una amenaza a los derechos humanos de los pueblos de las naciones y hacerlo lo más pronto posible para evitar su recrudecimiento.

En el caso de Venezuela fueron muchos años mirando hacia otro lado mientras se seguían obteniendo beneficios para luego sí hacer uso de lo establecido en instrumentos internacionales cuando se ha llegado a un punto de no retorno.

Es hora de trabajar concertadamente, la comunidad internacional en conjunto con los Organismos No Gubernamentales establecidos en Venezuela para el restablecimiento de una paz que jamás debió ser arrebatada. Si existe la norma y existe la voluntad; corresponde a ellos asistir, nos corresponde a nosotros supervisar y hacer cumplir. Si no, este Siglo XXI es una mera apariencia de evolución.

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Corina Cortes

Abogada. Magister en Derecho Internacional con estudios en Relaciones Internacionales y Derechos Humanos. Analista para radio y televisión. Creadora de Agenda Mundo 2.0. Contacto: cortesinternacionalista@gmail.com

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