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Es un sofisma Black Lives Matter y el Marxismo-Comunismo

Madrid, 17 jun.- Una premisa básica es la usada desde 2014 por la organización Black Lives Matter cuya traducción al castellano no deja dudas “Las vidas de los negros importan”, ¡claro qué importan!

Sin embargo, su lucha se fundamenta en rebatir una idea antagónica inexistente, como ideología, en la sociedad actual; ninguna organización política, ni agrupación social, abandera la idea: “Las vidas de los negros NO importan”, por ende, la premisa de lucha es un sofisma; y debido a esto, los manifestantes rechazan el uso de la frase “Todas las vidas importan”.

Los sofistas son considerados expertos en retórica desde la antigua Grecia, por ello,  utilizan maravillosamente las paradojas como figura o recurso lingüístico que consiste en el uso de la contradicción, presentando premisas falsas con apariencia de verdaderas.

El sofismo es una trampa dialéctica con la apariencia de razonamiento correcto, muestra perfecta de ello es el marxismo, un sofisma de distracción, un patrón de razonamiento incorrecto, una trampa retórica, que se usa para avanzar a una conclusión errónea, para despreciar o evitar los argumentos válidos de los demás sin tener contra-argumentación.

El marxismo se fundamenta en falacias sofistas, reduce la conciencia del ser humano al reflejo de sus condiciones materiales de vida, sin embargo, el ser humano, a lo largo de la historia, ha demostrado que la conciencia determina su vida.

Marx establece que el valor de algo dependerá del trabajo necesario para producirlo, pero en realidad, el mercado y la publicidad han demostrado que el valor de algo dependerá de factores que nada tienen que ver con la cantidad de trabajo que se ha requerido para producirlo, y la mayor de las falacias marxistas es la aseveración de obtener un resultado de libertad plena e igualdad en una dictadura de Estado proletario.

La historia ha demostrado que en esas circunstancias el Estado se convierte en opresor y el ciudadano teme expresar libremente su pensamiento, sobre todo si es adverso a quien ostenta el poder, una muestra actual de esto la tenemos al norte de Suramérica, en Venezuela.

El comunista utiliza la falacia de digresión cada vez que un individuo contextualiza ese sofisma, el comunista intenta comprometer en una polémica diferente al individuo que deconstruye el sofisma, así se desvincula a la audiencia del tema argumentado, se generan exaltaciones y se pretende dar la razón al sofisma.

Otros sofismos extendidos son, el de la responsabilidad colectiva y el de la responsabilidad actual por los hechos punibles de antepasados.

Se señala a la sociedad capitalista y liberal por ser quien oprime; pero es esa misma sociedad la que estimula y premia el esfuerzo individual y no colectivo, el racismo se origina como resultado de la esclavitud y fue en Inglaterra donde se inició su abolición en el mundo occidental.

La opresión, que aún existe, es individual no es colectiva, ni sistémica, las leyes y códigos penales de las sociedades modernas responsabilizan al individuo ante crímenes cometidos, incluso cuando el crimen es cometido por un grupo la responsabilidad es individual, muy alejado del principio Sippenhaft de Himmler usado por las SS Nazi, de responsabilizar a todo un grupo étnico, social o familiar por la falta de uno de sus miembros. Hoy las estadísticas quedan en un segundo plano mientras que las emociones y las excepciones pasan a formar la columna vertebral del discurso.

Así mismo, es un sofismo juzgar el pasado con los ojos del presente, quien en nombre de una lucha por la humillación sufrida, abanderan la humillación necesaria de los descendientes de esos opresores, dan al traste con la concepción misma de la abolición de la esclavitud por pertenecer a un grupo étnico, son el ejemplo de la opresión justificada por las ideas.

 Ver a personas humillarse por lo que sus antepasados pudieron haber hecho es un símbolo de retroceso hacia una nueva concepción del supremacismo.

Los sofistas marxistas comunistas utilizan la deficiencia de los sistemas educativos para la movilización de masas, es un problema de educación histórica, política y de formación ética.

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Eso se traduce en una espiral social del efecto Dunning-Kruger, que lleva a aquellos con menos conocimientos a imponer sus ideas, como si fueran verdades absolutas; esa relación entre estupidez y vanidad que impulsan a muchas personas con menor educación a pensar sistemáticamente que saben más de lo que saben y a considerarse más inteligentes de lo que son, prueba de ello, las pintadas sobre la estatua de Lincoln en Londres.

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José Ángel Cuadra

Periodista y consultor en Comunicación Estratégica, escritor, facilitador y docente universitario con más de 23 años de experiencia en Latinoamérica y España. Miembro de la Asociación de Periodistas Venezolanos en España.

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