Opinión

“El Coco” vivió en Venezuela y murió en Madrid

Madrid, 22 abr (Jacobo Dib).- De niños, los adultos nos atemorizaban con un personaje ficticio, pero muy malvado, para que nos portáramos bien: ¡El COCO! Así, creciendo en aquella Cuarta República que le debíamos a los próceres del puntofijismo (al menos, así nos enseñaban en la escuela), el Coco en Venezuela tenía nombre y apellido: Marcos Pérez Jiménez.

La historia la dictan y la escriben los triunfadores, y así ocurre también en nuestro país. Podrán imaginarse mi confusión, después de ser adoctrinado en el colegio sobre aquel malévolo y despiadado dictador, y comenzar a recorrer aquella bella Venezuela en la que hacer turismo interno era todo un placer. Como todo niño no dejaba de hacer preguntas a mis padres: ¿quién construyó esta autopista?, ¿quién construyó este bello hotel?, ¿quién construyó este estadio de beisbol?, ¿quién construyó esta magnífica universidad, en la que espero poder estudiar algún día?… Apenas me di cuenta de que la respuesta era invariablemente la misma, dejé de preguntar.

Aquel dictador pudo construir un país en poco más de cinco años, con muchos menos recursos disponibles que los que vendrían después de la nacionalización de nuestra industria petrolera. Una infraestructura que, a pesar del descuido y falta de mantenimiento que es costumbre en nuestro país, aún casi toda se mantiene en pie. En 40 años de democracia poco se hizo, ciertamente nada en comparación a aquel corto período. Recuerdo el Guri, las empresas básicas, el Teatro Teresa Carreño… En la Quinta República ni hablar, no creo que haya absolutamente nada que merezca la pena mencionar… 20 años perdidos.

Marcos Pérez Jiménez nació como otros dictadores de nuestra historia en el Estado Táchira, hace 105 años un 25 de abril de 1914. Como todo autócrata que se precie de serlo, gobernó con mano férrea reprimiendo a la población, sobre todo a los políticos, llegando a torturarlos a través de organismos como la Seguridad Nacional. A las Fuerzas Armadas las llevó a un alto nivel de profesionalización, con una modernización del equipamiento que sirvió para defender nuestra soberanía. Asimismo, promovió activamente la migración, sobre todo desde las golpeadas economías europeas como España, Portugal e Italia.

Su “período” (1953/58) culmina con su huida del país aquel 23 de enero de 1958, sin embargo, Rómulo Betancourt consigue su extradición para 1963, siendo juzgado y condenado por corrupción. Al salir en libertad se fue a vivir a Madrid, amparado y protegido por el Generalísimo. Exiliado, desde aquella ciudad, fue elegido Senador en Venezuela por el Distrito Federal en las elecciones de 1968, sin embargo, la Corte Suprema de Justicia anuló dicha elección. Falleció el día 20 de septiembre del año 2001 en Alcobendas, Madrid (España).

Durante toda la historia se ha pensado y profesado, hasta un nivel de convencimiento casi indiscutible, que una vez caído el dictador todos los problemas de una región o país se solucionan ipso facto. Ocurrió en el Imperio Romano y en casi todos los imperios y reinados de la Europa de la Edad Media y Renacimiento. En Venezuela lo hemos vivido desde el mismo momento en que decidimos separarnos del Imperio Español. Quitar a un gobernante sea quizás la tarea más fácil, lo verdaderamente difícil es sustituirlo por algún estadista competente que sepa rodearse de los más aptos y no de los mas “panas”.

El propósito de este escrito no es el de reivindicar a Marcos Pérez Jiménez, sino es el de querer dar “Al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”. Reconocer lo positivo de sus años de gobierno no significa ser una suerte de profanador o traidor a la Patria. Así como Antonio Guzmán Blanco fuera reconocido después de un siglo, otorgándole su sitio en aquel Panteón que el mismo ordenara construir, Marcos Pérez Jiménez se merece algo similar, ciertamente no menos.

Mientras tanto, no se necesitan placas ni monumentos conmemorativos en su nombre. Al igual que lo oí de mis padres, mis hijas lo oyeron de mí… sí, ahí están, las Torres del Centro Simón Bolívar, la Autopista Caracas – La Guaira, el Paseo Los Próceres, la UCV, el Teleférico… y más, mucho más, todas realizadas por “EL COCO”, Marcos Pérez Jiménez.

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Jacobo Dib

Médico venezolano. Experto en Historia de Venezuela. Articulista ocasional en antiguos periódicos como: El Universal, El Diario de Caracas, El Globo, El Mundo.

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